¡SE LA – TRA—E—IUS MOSLEY!


Todas las estrellas brillan por sus componentes químicos  estelares, las podemos ver y apreciar como un poema en sus órbitas por la luminosidad que irradian,  esa misma luz que en nuestro planeta tierra puede tener  su homología  en  el deporte y  claramente  en el básquetbol,  dónde la bola del juego, a veces en el partido se transforma en una bola de fuego, como el sol,  que quema las manos, pero también ilumina  desde las ganas de  triunfar, de trascender, de encestar, de brillar como equipo, como jugador, como cuerpo técnico -asistentes, como tribuna hinchada, motivados por esa luz que nos enciende.


Ahora, en un equipo para que el individuo brille como una estrella, no solo hay que creerse ser una, también es necesario crear y construir “el grupo”,  el que permite  el destello luminoso, para aumentar la luz de todo el equipo, y así poder resplandecer colectivamente.

Eso fue Rivadavia Básquet en estos últimos partidos, un equipo  que brilla con luz propia, esa luz interna  igual que el Sol,  hacía que cada jugador se mantuviera en su órbita, logrando una fusión casi nuclear en el equipo, entre esas estrellas naranjas, podemos mencionar  a Mosley de apellido y de nombre Latraius,  raro de pronunciar para nosotros los latinos, pero  suena muy bien al picar en el  parquet.

Y ¿Por qué?, porque salta como resorte, por las tres volcadas a hilo frente a Florentino Ameghino, por el goleo amigo que le acreditó a Tiro Federal, por las  asistencias a su compatriota Ronnie en la zona pintada, porque imprimió el tapón en los últimos 4 segundos frente a San Isidro de San Francisco Córdoba, logrando fijar la victoria por un punto, punto ganado por él mismo en un doble con bonus track, y por la simpática  sonrisa para con toda la hinchada, porque para el día de San Valentín, su  cupido de piel morena enamoró  a todo el público con esos tres flechazos haciendo centro en el aro, levantando el amor de la hinchada por  el básquet y por este equipo  que ya no es promesa, es trabajo y más trabajo, sin dejar que esa  luz propia se apague.

No queremos ser complacientes con unos y olvidarnos del resto del equipo, pero el juego hace que cada uno brille en un momento y resplandezca en esos partidos en que el “Dios Deporte” manda más luz y hace que ese jugador sea un refucilo, un relámpago, que ilumina todo un estadio y al equipo.

Pero ¡Whait! con Ronnie que fue una estrella  constante durante el desarrollo de los cuartos, logrando los puntos necesarios para que su compatriota brille hasta encandilar y con ellos  todo el quinteto estelar, el cual se lo ve muy unido, unidos para enfrentar hoy a Unión de Santa Fe,  romperles la unión,  arrebatarles la fe y que se vayan con Santa y nosotros  quedarnos con la Victoria.
 ¡La  pucha que lindo es ver jugar básquetbol! , y más cuando Se La-- Tra- E  Mosley, ius-tedes alentando al Naranja, porque en Rivadavia además de  cantarle al país, todo el año es naranjo carnaval   basquetbolero.

Adolfo Lanzavecchia
Foto: Alma Barrionuevo

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