EL PARTIDO QUE NUNCA IMAGINÉ


Me resistía a ver el primer partido, ni siquiera lo quería escuchar por la radio. Mirá que me encanta el sonido  mágico de las voces de nuestros relatores al aire, y me dije: ¡No voy a ir a verlos, porque no sé qué me pasa!


Ya había comenzado a tener una sensación rara cuando se fue el Andrés, los extranjeros,  los de otras provincias, el enano,  y encima el gigante de Reducción, la semana pasada el Hueso,  bueno todos,  se fueron todos, y no sabes la cara que me quedó cuando vi la foto del Chiqui, el Hueso… con la casaca de San Martín.  Me paralicé. La volvía a mirar, me dije esto es un truco del Face,  pero no, tampoco era Photoshop, eran esos tipos con  quienes habíamos creado una relación de afecto, a pesar de que solo somos hinchas y no somos amigos, simples conocidos, y esto es lo ilógico, esto es lo raro,  querer  gente que solo los ves de lejos y te ofrecen goles, nada más.

Pero ahí está todo, en los goles, en las jugadas de las cuales vienen esos goles,  sí ahí está el sentimiento, porque podés gritar con esos goles, podes reírte, llorar, abrazar,  juntarte con los hinchas, emocionarte, encontrarte  con los otros  simpatizantes, con el deporte, con tu comunidad.
Eran las 21.20 hs.  Estábamos en Poli de Rivadavia y  el Nacho me dijo:

-¿Vas al partido?

 Y rápidamente lo apure contestando:

-Si vos vas, yo voy.

Y nos fuimos a Junín, sin esperar, sin preparar el mate, ni cargar a Naranjito. Llegamos al segundo cuarto, cada uno se ubicó con sus amigos y comenzó el partido más raro que había visto de tantos partidos. Yo sabía que no estaban los jugadores del torneo pasado y de mucho pasado histórico en el equipo.  Aquellos no estaban, y que vería  otras caras, otros cuerpos, otros gestos, miradas, caminadas, actitudes, pero yo insistía en verlos a ellos, aquellos  que se fueron, y en mi mente estaban cada uno en su puesto.

Pero había una contradicción entre lo que veía  y lo que mi mente me mostraba, fue mucha fricción, roce, choque mental, era un partido que yo estaba jugando en mi imaginación y tal vez a muchos les paso lo mismo.

No entendía por qué se movía de esa manera el Fede, que hacía con la bola, que le pasaba al Andrés, se había cortado los rulos, el Chiquito estaba flaco con un corte de pelo extraño a su persona,  el Hueso no estaba asistiendo,  y los demás.., ¿Dónde están qué no salen? tampoco estaba el agitador de la tribuna (el Feliciano) y más raro fue ver la cara del Chino con la camiseta Verde. Se me nublaron los ojos, no entendía nada, le dije a uno de la tribuna, ¿Che decime, esto es realidad, o yo estoy fumando? 

Me tragué una piña, tengo fiebre tal vez y no me doy cuenta. Yo tenía un partido en la mente y en la cancha era otro. Los cantos de la barra eran casi los mismos, pero no los escuchaba, y no se escuchaba ningún nombre de aquellos. Se notaba que  algunos estaban estudiando el juego, otros reflexionaban de este primer partido y que todo era nuevo. Hasta al Colorado lo vi de desteñido, y me apoyaba en él para sacarme ese partido virtual que me jodía la emoción y no podía disfrutar de lo nuevo.

Pero la verdad estaba disfrutando igual, tal vez fue el partido de mi despedida, ese que no tuve, que no tuvimos, ese donde sellás con la mano un adiós, un chau, un gracias por todo, ese encuentro final mirándonos y llorando de alegría mezclada con algo de tristeza, porque sabes conscientemente que se termina, como todo en la vida.

Y no es reclamo, es mi forma, es lo que me gustaría haber vivido, y no pasó. Entonces  ahora tengo más trabajo,  acomodar los niveles de sensaciones, refregarme los ojos y mirar con el mismo afecto, emoción y cariño a los nuevos, a esos que están dispuestos a lograr las mismas cosas, y mucho más que las que hicieron aquellos.

Ustedes, los nuevos, no se sientan mal ni comparados.  Es difícil para nosotros estos cambios, y  tendrán que hacer su parte también, tendrán que ganarse nuestro cariño, tendrán que mirarnos a los ojos y decirnos con sus miradas que le demos la oportunidad, como la tuvieron aquellos, porque esto es un juego, y solo han cambiado los jugadores. La camiseta es la misma, es la Naranja, los amigos somos los mismos, los conocidos,  y se van  sumando otros, la hinchada crece. Y ahí estaremos este viernes a las 21.30 para recibir a General San Martín, en el primer partido en casa de la temporada. Porque el  deporte se agiganta y el básquet de Rivadavia le hace Pick and Roll al País.

Adolfo Lanzavecchia

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