¿QUÉ PASARÍA? PARTE II


Cuando el presente es una lágrima, el futuro seguro es el llanto desconsolado.


Lo cortés no quita lo valiente, ni la pasión debe quitar la lógica razón. No fue un partido para el olvido, fue el partido para siempre recordar, el partido de la nada, en donde el todo estaba del otro lado, ¿estaba del otro lado?

No vamos a señalar, ni apuntar con el índice a nadie, cada uno tiene una marcada y reconocida responsabilidad en su rol de trabajo, pues más allá de lo deportivo es un trabajo, y el trabajo tiene derechos y obligaciones, van a la par, como un doble que vale dos, dos puntos cargados de mucha responsabilidad, motivación, pasión, compromiso, entusiasmo, y otros adjetivos  más que arrollan cualquier conducta especuladora, interesada, o mal intencionada.

¿Qué pasaría? dijimos  el sábado (ver aparte), si soñáramos, si imagináramos, si sintiéramos que podíamos escribir la historia deportiva de Mendoza en nuestro pequeño pueblo, ¡Claro que para poder, hay que querer!

Que pasaría, muchachos, si la historia y nuestra historia basquetbolera  hace de todos nosotros  el “equipo”, ese que nos llenó, nos colmó, nos ilusionó... pero, ¿Qué pasó? ¿Algo pasó?, y nos pasó a todos. No sabemos qué, tal vez podemos intuir, opinar, criticar, valorar, y hasta abrir juicio. Pero no es el caso, la cosa es que hay muchas generaciones de jugadores pequeños y juveniles que los están mirando, y por chicos que sean, tienen sentimientos y tienen lógica, pero no comprenden lo que pasó.

Que pasaría entonces, si miramos a esos pibes, a esos niños, a ese público, a esa hinchada, a toda la gente que trabaja anónima, que no tiene un pelo de interés ni de especulación alguna,  y entrega el 100% de lo que puede dar y tal vez un bonus track.

Rivadavia cantó muy desafinado, y no hay que olvidar ese descolorido partido, porque es una enseñanza, si así la queremos tomar.

Entonces, ¿Qué pasaría otra vez, si Rivadavia Básquet Le Pick and Roll al País, y le Canta con vos afinada? ¡Seguro las lágrimas de hoy serán llanto de alegría de mañana!


Adolfo Lanzavecchia

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