PICK AND ROLL A LA DERROTA


La derrota no tiene el sabor a dulce de durazno casero hecho por las manos de tu madre. Tampoco es el abrazo de tu amiga de la primaria después de años de ausencia. No es ese beso tan esperado en los labios del primer romance deseado,  ni siquiera se parece a ese té de ruda que tomaste cuando chico para curarte de los bichos, y no será como el post operatorio de hemorroides del técnico de la U17, y si no pregúntale  al Viuda.

La derrota no es bulliciosa ni loca como la victoria, tal cual lo escribió José Luis Borges (según el rey de España), Jorge pulsó en el papel: “La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece”. 

Surgen  las lágrimas cargadas de dolor, tristeza, impotencia, se deslizan por el rostro como cuchillas abriendo huellas, dejando las marcas estacionadas del suceso, y en doble fila  los sentimientos punzantes que se ahogan en sollozos suspiros.

La derrota te aplasta, te inclina, te aísla, te cachetea, te humilla, se ríe burlona, no lo puede disimular,  es tuya, te pertenece, la tenés que invitar a vivir con vos como un aliado, como una parte de ese todo que sos.

Pero no ves ni sentís a milímetros de tu piel. En ese estado no hay razón para seguir erguido, la ilusión se ha esfumado, el sueño fue un efímero grano de arena hecho polvo  en el desierto buscando agua. La mirada es tiniebla, el olor es de casa abandonada, el cuerpo  se dobla y desde la cabeza pende una fuerza de 3 toneladas que al arrastrarse van abriendo el surco del dolor, de la impotencia, del fracaso, igual que el de los precios esenciales.

Y es que la vida tiene en su todo, una parte de eso, la derrota como la vida es filosofía, belleza, política, acuerdos, intereses, especulaciones,  recursos, y el canto de las Sirenas de Ulises. Todo esto se multiplica desde lo individual al equipo, al grupo de trabajo, a la hinchada y al público, se hace colectivo, comunitario, y justamente por eso se aguanta y se resiste, porque se comparte aunque seamos egoístas, la derrota es una y es para todos, y por eso no caemos al abismo, no morimos, porque tenemos a alguien, a otro, a otros que la cargan en sus cuerpos, en sus emociones y ayudan a ese lento transitar por el doloroso sentimiento.

Pero acá la derrota se transforma y te ofrece otra valoración, te pide que la uses a ella misma y con su nombre derrotes las sombras del mito de la caverna de Platón,  el sufrimiento de Sisifo,  te sugiere el milagro de la História Verídica de Julio Cortázar, te invita a los  Confines de Liliana Bodoc, te clama por Alejandra Pizarnik y su “necesitamos poesía”.

Entonces la derrota te lleva a la reflexión, a la lectura, a la escucha, al encuentro, te lleva al otro, a los otros, te muestra el camino paralelo de la victoria, lo que ella oculta, lo que no se ve en el ruidoso triunfo.

La derrota es la posibilidad de seguir viviendo, de matar eso de que no hay mañana, que todo ha terminado, que no hay razones para seguir, que lo imposible es lo más posible, que el amor se terminó, que la lucha no vale la pena,  que la gloria y el reconocimiento les pertenece a unos pocos, que la gloria y el triunfo no son socias de la victoria.

Busquémonos, mirémonos, acerquémonos, ofrezcamos ese abrazo reparador, acerquémonos y que el silencio hable por un segundo, que el deporte y el arte sirvan para que seamos más humanos y sensibles, y aprendemos en la derrota,   ¡Porque Rivadavia Básquet Le Pick and Roll al triunfo y a la derrota con el Corazón!

Naranja, mi buen amigo
Esta campaña quiero estar contigo
Te alentaremos de corazón….
Esta es tu hinchada que te quiere ver campeón…


Adolfo Lanzavecchia

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