SAN ISIDRO LABRADOR, ¿VOS JUGASTE AL BÁSQUET?


Santa es la Semana y ¿Santo es el básquetbol? tal vez tan lejos no estamos de la cuestión, te digo que se vive con mucha pasión. Tal vez exagere un montón, pero de carne somos, algo de santo y algo  pecador.


Seguro estamos lejos de la Pasión de Cristo, para ello deberíamos estar en su piel y también hay que estar en la piel de un hincha, de un jugador. Y juguemos con la comparación, de pronto hoy nadie padece como Jesús, antes, durante y después de la Cruz, aunque en  nuestra vida cotidiana debemos procurar ante el sufrir, atenuar el dolor.

La pasión se vive igual en el deporte como en la religión, solo basta ver un estadio de fútbol, y también pasa lo mismo en el básquetbol. La pasión llega y se vive en ese momento. La alegría, el suspenso, los nervios, el miedo, el amor, la entrega, el éxtasis infinito, el dolor, por algo que estás viviendo solamente vos, pero compartido, siempre,  es mucho mejor.

Así fue como Cristo vivió la pasión en la agonía y el sufrimiento, a pesar de ser hijo de Dios, es crucificado y muerto en la Cruz, siempre como metáfora, acaso se parece y mucho más cuando en un  partido de local, el equipo va perdiendo y pierde no más, y con ese resultado los jugadores, la tribuna y todos vivos presente entran en agonía, sufren, se acuerdan de Dios y mueren por unos minutos, pero sin la Cruz.

Esa es la derrota señores, tiene esos condimentos y permítanme y permítanse la comparación, esto que digo es serio, porque la vida es un juego y en el juego de la vida todo se debe entregar en cada  situación. Y es ahí cuando pareciera que estás muerto.  Te preguntas, te cuestionas, ¿Por qué nos pasa esto?, ¿Por qué?, al igual  que Jesús cuando exclamó  “Eloi, Eloi, lema sabachthani”  ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? ” (Mateo 27, 47).

Uno se siente muy abandonado en ese momento,  como el mismo Jesús, aunque lo suyo fue peor, peor aun cuando fue traicionado por su amigo Judas Iscariote, como en el juego aparece la  traición (de los nervios, los reflejos, la desesperación).

Y durante la muerte, para nosotros hoy en básquet la vamos a considerar como ese tiempo para descansar, reflexionar, concentrar y corregir aquello que está mal. Cambiar, transformar, ver en qué nos equivocamos y lograr ser mejor persona,  ese es el tiempo de Cuaresma en donde somos invitados a despojarnos del odio, del rencor y ponernos al ritmo y al estilo del verdadero jugador. Como ves, lo bueno de las cosas en el deporte y en la religión, están más cerca de lo que alguna vez se creyó.

Al final llega la resurrección, cuando ganamos el siguiente partido y todo lo vivido, la pucha que valió ese dolor. Otra vez  los jugadores, la tribuna, la comisión, resucitan en la victoria, en la alegría, en la pasión, porque las cosas se transforman, y a la luz, a la vista de todos,  como Jesús sorprendió, también lo hizo el equipo ganador porque jugó y convirtió, y logró la conversión.

Para los creyentes y aquellos que no, el deporte es bueno, es sano y se puede comparar con una religión.

Para los jugadores y jugadoras de Rivadavia Básquet, en especial para la gente de  categoría  menor, que por menor valen mucho, tanto como la mayor, y para el juego de este viernes Santo, ¡fíjate Dios! danos una mano, que todo lo que tiremos se enceste en el aro, recordá que en nuestro pueblo tenemos un Santo,  San Isidro Labrador, y este tenía una cancha de básquetbol.

Viste, pocos tienen un Santo como nosotros que jueguen al básquetbol. Perdón,  ¿cómo me decís? ¡Ah si! está San Antonio, donde Manu jugó y es argentino como él, como nosotros, como yo, pero este viernes santo, los dos Santos van a estar en el estadio del Leopoldo, junto a los 12 apósteles Naranjas, porque Rivadavia Básquet Le Pick And Roll a la Fe, al Deporte y a la Pasión.

Adolfo Lanzavecchia

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